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4.2. Curiosidades para comentar en el lenguaje

El verso blanco en el teatro isabelino

EL VERSO BLANCO SHAKESPEREANO
"En español llamamos verso blanco al verso endecasílabo sin rima, pero el verso blanco shakespereano es otra cosa: es un verso que se alarga y se acorta. El pentámetro yámbico aparece cada cierto tiempo, nada más que como un marco de referencia que no hay que olvidar. Lo que se hace ahí es sobreponer, a la métrica rigurosa, a la métrica formal, la métrica del habla". Shakespeare y los isabelinos son los primeros en usar esta composición lingüística (1): "Al verso blanco shakespereano se llegó después de mucho trabajo y empieza con los poetas Thomas Wyatt y Surrey. Surrey estaba traduciendo a Virgilio a la manera de la época, es decir, a la italiana, según pares de versos rimados, pero no podía hacerlo porque en inglés no hay muchas rimas, así es que renunció a rimar. Este verso no rimado después, en manos de Sidney y de Spencer, se empieza a quebrar. El verso inicial utiliza el pentámetro yámbico riguroso (To be or not to be), pero se vio que el rigor métrico de la poesía propiamente tal, del soneto por ejemplo (2), no se podía llevar al teatro en toda la extensión de la obra porque la repetición del sonsonete de la rima aburre, hasta puede enloquecer al público. De aquí que se quiebra en los versos siguientes: To be or not to be / That is the question / Whether 'tis nobler in the mind to suffer / The slings and arrows of outrageous fortune".
El logro fundamental del teatro shakespereano e isabelino es, para Parra, este uso del verso blanco, que le permite superar con creces al resto del teatro europeo, especialmente al francés y español, que siguen presos de una retórica poética agobiante. "El gran descubrimiento de los dramaturgos isabelinos, en materia de forma, es ése: hay que quebrar el endecasílabo, como llamamos nosotros al pentámetro yámbico, y combinarlo con otros metros. Incluso, hay que salirse de la métrica gramatical, de la métrica académica, y dejar que entre la métrica del habla. Una vez, que se combinan las dos métricas, la gramatical con la del habla, entonces el mundo entra en el texto dramático".
Parra encuentra una conexión medular de su propia poesía con el lenguaje shakespereano a partir de esta identificación de la forma poética: "Mis propios antipoemas ocupan este tipo de verso blanco. Me preguntan desde hace tiempo qué es un antipoema y la respuesta más repetida que he dado, sin darme bien cuenta de lo que decía, es: un antipoema no es otra cosa que un parlamento dramático, y un parlamento dramático, habría que agregar, es un verso blanco shakespereano. O sea, es un endecasílabo que se alarga y se acorta, y que oscila entre la academia, la calle y la feria. He venido trabajando en esa forma desde tiempos inmemoriales; he llegado incluso a combinar un verso de once sílabas con uno de una sílaba, y versos con prosa. Creía que era un gran invento mío, pero ya los isabelinos conocían estos métodos de trabajo y Shakespeare lo ocupa en El Rey Lear, donde un gran porcentaje de la obra está escrita en prosa, sin que se sepa a ciencia cierta cuáles son versos y cuáles son prosa. Esto es muy importante: podría decirse que son versos prosaicos o que son prosas poéticas".

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