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2. El Decamerón

EL DECAMERÓN


Si el Cancionero de Petrarca  se convierte en modelo de perfección poética, el Decamerone va a ser el modelo de la prosa moderna al mismo nivel, por fin, que la latina.
El tipo de narración de El Decamerón es herencia de las novelas bretonas, que se colocaban en tiempos remotos y contaban fingiéndose historiadores, así como de los fabliau franceses, donde el narrador cuenta hechos que acaecen en su ambiente y en su época por lo que tenían una crítica más actual y arriesgada. Así, El Decamerón señala el éxito de esta última (los fabliau), y aunque algunas se sitúan en el pretérito o en países lejanos, la mayoría son inmediatos y geográficamente cercanos (Florencia y similares).
Igual que Dante llevó a sus enemigos políticos, sus amigos literarios, etc al infierno, purgatorio y paraíso, Boccaccio hará de sus contemporáneos florentinos el objetivo de la comedia humana. La diferencia entre estas dos obras es que estos personajes que se entregan al vicio o caen en sus propias trampas en la Divina Comedia serían las anónimas almas en pena y nada más.
También podemos observar algo de influencia de la Estructura de la Divina Comedia en los diez círculos del Infierno: La seducción, la hipocresía, la adulación, el fraude, el engaño,… que en el Decamerón lo exponen personajes menos grandiosos.
La terrible peste negra de 1348 diezmó la población europea, causó estragos apocalípticos y sacudió el espíritu. Millares de esqueletos de  los apestados insepultos  inspiraron las canciones de la muerte, la propia Laura de Petrarca moría de peste y a los ojos realistas de Boccaccio todo era caricaturizable.
La obra se centra en las afueras de Florencia durante la peste de 1348 (aunque seguramente se escribió entre 1350 y 55). Siete jovencitas y tres jóvenes pertenecientes a la alta burguesía se encierran en una casa de campo y se imponen el juego de reltar cada uno de ellos un cuento a lo largo de cada día, exceptuando los de respeto religioso. Así, como su propio nombre indica, deca= diez, hemera= día, se narran cien cuentos. Cada jornada va presidida por el rey o reina elegido de cada día. Por lo que las “jornadas” son designadas a veces con el nombre propio de quien las preside. Las introducciones iniciales suelen contar una leve trama donde se describen las distracciones de los diez jóvenes durante su retiro. Esta técnica de cohesión que une diferentes elementos viene heredada de las grandes narraciones orientales, como las Mil y una noche o los cuentos de Calila e Dimna.
En el Prólogo Boccaccio describe en páginas impresionantes la peste en Florencia y narra cómo se encuentran los diez jóvenes.
La reina de la primera jornada es Pampinea, joven hermosa y sensata, feliz en amores. En este primer día hay libertad en el tema de los cuentos. Filomena es la reina de la segunda jornada,  en la que se narran historias de personajes que, a pesar de un destino adverso, consiguen realizar sus deseos en largos viajes o aventuras. Neifile, ingenuamente lasciva, es la reina de la tercera jornada, en la que se desarrollan cuentos sobre personas que logran una cosa muy deseada o perdida. Las historias son escabrosas en las que el ingenio, el engaño y la mentira se ponen al servicio de la lujuria, como el jardinero Masseto, que fingiéndose mudo hace perder la castida a todas las monjas del convento.
En la cuarta jornada, el rey es Filóstrato (‘postrado de amor’),  amante desesperado, y se inicia con una autodefensa de Boccaccio porque las anteriores novelas han sido tachadas de indecentes y de que el autor se preocupa de complacer a las mujeres y su vanidad con este tipo de lecturas. La jornada trata los amores desdichados como la hija de Tancredo de quien se narra la leyenda del corazón comido.
Fiametta, la perfecta enamorada, es la reina de la jornada quinta y trata casos de amor acabados felizmente.
La sexta jornada es la de la reina Elisa, la que ama sin ser correspondida, y trata de las frases ingeniosas que han salvado de peligros.
La septima jornada es la de Idóneo, y trata las burlas  de las mujeres a sus maridos.
Laureta es la reina de la jornada octava sobre las burlas de la mujer al hombre basados en astucias donde la inteligencia humana triunfa sobre la candidez.
Emilia es la reina de la jornada novena, como en la primera la elección es libre, y trata desde la obscenidad a el divertido cuento de Calandrino que cree estar de parto.
La última jornada es la del rey Pánfilo que propone temas serios y graves, históricos, de cruzadas…, de aquí procede el único cuento que le gustó  su amigo Petrarca y que este tradujo, el de Griselda.
Así estos diez jóvenes castos y puros entretienen su melancolía en momentos de miseria y desesperación.

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