A una mendiga pelirroja Pelirroja y blanca niña, Cuya ropa entre los rotos Permite ver la pobreza Y la hermosura; Para mí, triste poeta Tu joven cuerpo enfermizo, Salpicado por las pecas, Tiene encanto; Llevas con más galanura Que una novelesca reina Sus riquísimos coturnos, Bastos zuecos; En vez de escasos harapos, Que un lindo traje de gala Arrastre sus largos pliegues Sobre tu pie; En lugar de rotas medias, Imán de sucias miradas, Que un puñal de oro reluzca En tu pierna; Que ojales mal abrochados Muestren a nuestros pecados, Tus bellos, radiantes senos, Cual dos ojos; Y que para desnudarte Tus brazos se hagan rogar, Hábilmente rechazando Dedos rápidos; Perlas de bellos reflejos, Versos del maestro Belleau 1 Por tus rendidos galanes Dedicados, Morralla de rimadores, Sus primores ofreciéndote, Contemplando tu chapín En la escalera, Mucho fascinado paje, Mucho señor y Ronsard 2 , Espiarían divertidos Tu frío cuarto. En tu lecho contarías Muchos más besos que lises Y tu ley acatar...
En el fragmento que podemos observar, perteneciente a la “autoridad fraternal” (segunda parte del libro), de “la metamorfosis”, se luce la atmósfera que presenta el punto de vista del protagonista, referente a su habitación y a la transformación repentina e irremediable que acaba de experimentar. Esta sensación de angustia vital, por tanto, se puede ver a la hora de exponer las luces del exterior reflejadas en el cuarto, en el techo, las paredes…..en todos sitios excepto en el suelo, donde se encuentra gregorio.
Este aspecto, que a simple vista carece de importancia, expone la situación de marginación del protagonista, que ve la puerta de su habitación como la única barrera que le separa de su vida familiar y felicidad anterior. Que siente como los únicos rayos de luz, procedentes de la calle que no ha podido volver pisar, debido a su transformación, ni siquiera se ponen de su parte y se reflejan en su cuerpo, sino en el resto de la habitación.
Pero sobretodo, aquello que mas le gustaba, tras sufrir ese infortunio del destino que no le había dejado probar bocado, un tazón con leche y pan, no le gustaba. Los propios instintos e impulsos propios de las pasiones que formaban el ser de Gregorio, estaban también afectados.
El mal Fatum, por tanto, no es que se halla implicado severamente en la situación personal, social y mental de Gregorio, sino que ha hecho de él otro ser.
La transformación del ser, sin embargo, no ha sido tan peculiar a lo largo de la historia del tiempo. La propia evolución del hombre, guiado por mutaciones y la selección natural de Darwin, ha provocado la existencia de la raza humana conocida actualmente.
Sin embargo, la suerte no esta a favor de este protagonista.
La metamorfosis, propiamente dicha en el ámbito biológico, implica en la naturaleza el cambio y la evolución hacia un ser mas fuerte, como es el caso del gusano, convertido en crisálida, para que al cabo de un tiempo, se transforme de un ser diminuto y poco vistoso, a otro de belleza sublime y capaz de volar. Implica un significado de superación con respecto a otras especies. Pero no un cambio capaz de provocar la no correspondencia, la marginación y el rechazo de la mente al cambio y al cuerpo.
Así pues, esta postura de pasividad y debilidad de Gregorio, expuesta en el fragmento, nos podría recordar a una crítica de William Shakespeare:”EL DESTINO BARAJA LAS CARTAS, PERO SOMOS NOSOTROS QUIENES LAS JUGAMOS”. De acuerdo con el significado de esta frase, hay que recordar que ante los momentos difíciles, lo último que debe hacer el ser humano es rendirse ante la crueldad del mundo, y buscar nuestros propios rayos de luz y esperanza.