Ir al contenido principal

temas y personajes

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi8i-6uyjKppJquhVoTHhb0B_BVMM9jRYume2SWd9vrGYKUEMba_HLp0RK7X9rOWkB9kR89fhLlmILFu3X4hv41mXcaqxCF1cgkyBr8FLOzojnNaijopmL_nQ9JaJGyh4wfQ7Ty5VjJrUDw/s1600/topics-1-spbpy-1264710722303romeo+y+juli.jpg
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjsoEcuSjDOS2oS2Sw2TSUobzHm8waNL9QXnsr7DLOmBoIiSF6AsG2S1yKjlksZng3Bfvry0271QN6BCpZma8ov6TGu9g6yHRJXxtZgsUYwZE9RRSaKWQRI79BEcgYNam-EDYZW2aKMOauK/s1600/characters-1-qaqct-1264710655034+romeo+y.jpg

Comentarios

Entradas populares de este blog

3.1 y 3.2. ideas y relación

A una mendiga pelirroja Pelirroja y blanca niña, Cuya ropa entre los rotos Permite ver la pobreza Y la hermosura; Para mí, triste poeta Tu joven cuerpo enfermizo, Salpicado por las pecas, Tiene encanto; Llevas con más galanura Que una novelesca reina Sus riquísimos coturnos, Bastos zuecos; En vez de escasos harapos, Que un lindo traje de gala Arrastre sus largos pliegues Sobre tu pie; En lugar de rotas medias, Imán de sucias miradas, Que un puñal de oro reluzca En tu pierna; Que ojales mal abrochados Muestren a nuestros pecados, Tus bellos, radiantes senos, Cual dos ojos; Y que para desnudarte Tus brazos se hagan rogar, Hábilmente rechazando Dedos rápidos; Perlas de bellos reflejos, Versos del maestro Belleau 1 Por tus rendidos galanes Dedicados, Morralla de rimadores, Sus primores ofreciéndote, Contemplando tu chapín En la escalera, Mucho fascinado paje, Mucho señor y Ronsard 2 , Espiarían divertidos Tu frío cuarto. En tu lecho contarías Muchos más besos que lises Y tu ley acatar...

5.1.- Valoración personal del texto (1 punto) (Es análisis del fragmento sin la valoración artística, ni la actualidad, ¡ojo¡¡)

OPCIÓN A TEXTO Era raro mi estado de ánimo: en el bolsillo tenía en total veinte federicos de oro; me hallaba en tierra extraña, lejos de la propia, sin trabajo y sin medios de subsistencia, sin esperanza, sin posibilidades, y, sin embargo, no me sentía inquieto. Si no hubiera sido por Polina, me hubiera entregado sin más al interés cómico en el próximo desenlace y me hubiera reído a mandíbula batiente. Pero Polina me inquietaba; presentía que su suerte iba a decidirse, pero confieso que no era su suerte lo que me traía de cabeza. Yo quería penetrar en sus secretos. Yo deseaba que viniera a mí y me dijera: «Te quiero»; pero si eso no podía ser, si era una locura inconcebible, entonces... ¿qué cabía desear? ¿Acaso sabía yo mismo lo que quería? Me sentía despistado; sólo ambicionaba estar junto a ella, en su aureola, en su nimbo, siempre, toda la vida, eternamente. Fuera de eso no sabía nada. ¿Y acaso podía apartarme de ella?        ...